que no parecen despedidas.
Porque hay nombres
que se quedan en la memoria,
en una camiseta,
en un grito de gol,
en ese instante
en que un país entero
volvió a abrazarse.
Gracias, Leo,
por tantas veces
hacer posible lo imposible,
por llevar nuestra bandera
en los pies
y la emoción
en el corazón.
Te vas de la cancha,
pero no de nosotros.
Queda tu zurda,
tu humildad,
tu sonrisa después del gol,
y esa manera tan tuya
de hacernos sentir
que los sueños
también pueden hacerse realidad.
Eterno agradecimiento, Leo.
Por todo.
Por tanto.
Por siempre.
