miércoles, 15 de julio de 2026

Finalistas

Hay camisetas
que se usan.
Y hay otras
que se heredan.

La celeste y blanca
viene cosida
con las manos de quienes soñaron antes.

Con el barro,
las plazas,
las radios encendidas,
los abrazos
que nunca preguntaron de qué barrio eras.

Hoy somos finalistas.
Y no es solamente
un lugar en el fixture.

Es volver a creer
que hay gestas
que todavía eligen este lado del mundo.

La tercera estrella
nos enseñó
que los milagros
también se construyen.

Con trabajo.
Con paciencia.
Con un grupo
que entendió
que nadie levanta una copa solo.

Ahora la cuarta
asoma en el horizonte,
como una promesa
que todavía no se deja tocar,
pero ya ilumina.

Y mientras esperamos,
el país vuelve a hacer
eso que mejor sabe:
juntarse.

En una esquina.
En una casa.
En un bar.
En cualquier lugar
donde alguien grite
"vamos".

Porque Argentina
nunca juega sola.
Juegan nuestras memorias.

El Diego,
que sigue gambeteando el tiempo.

Leo,
que convirtió los sueños
en un idioma posible.

Y también juegan
los que ya no están,
los que abrazaron una radio,
los que hicieron del fútbol
una forma de resistir la tristeza.

Falta un partido.
Noventa minutos
o los que haga falta.

Después
será la historia
la que decida.

Pero pase lo que pase,
ya volvimos
a encontrarnos
en ese lugar
donde un país entero
late
con un mismo corazón.



jueves, 9 de julio de 2026

Bordamos por la paz

Nos reunimos
como si bordar
fuera una forma de volver.

Cada una llega
con su ovillo de días,
con alguna herida silenciosa,
con una alegría pequeña
que todavía resiste.

Después ocurre el milagro sencillo.

Las agujas empiezan a conversar
en un idioma
que no necesita palabras.

Una puntada
llama a otra.
Una historia
encuentra otra historia.
Y sin darnos cuenta,
mientras el hilo atraviesa la tela,
también va remendando
algo de nosotras.

Bordar nunca fue solamente bordar.

Es detener el tiempo
para escuchar.
Es confiar
en que la belleza
todavía puede abrirse paso
entre tanto ruido.

Es hacer de las manos
un lugar donde la ternura
tenga oficio.

Por eso,
cuando bordamos por la paz,
no estamos decorando un pañuelo.

Estamos insistiendo.

Puntada tras puntada,
en que otro mundo
todavía puede imaginarse.

Y quizás la paz
empiece así:
alrededor de una mesa,
entre hilos de colores,
mate compartido,
risas que alivian,
silencios que abrazan,
y un grupo de mujeres
que, mientras borda una tela,
van tejiendo,
con infinita paciencia,
la trama invisible
que también las sostiene.



Finalistas